INSOLACIÓN EN LOS NIÑOS



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descarga (2)La insolación se produce por una exposición solar directa, fundamentalmente sobre la cabeza, que causa vasodilatación o aumento del tamaño de los vasos sanguíneos. Al restringir el volumen sanguíneo, se produce decaimiento, dolor de cabeza o vómitos y, finalmente y en casos graves, síncope o pérdida de conocimiento, uno de los principales rasgos distintivos de la insolación.
Salvo que existan complicaciones como quemaduras en la piel producidas por haber estado mucho tiempo bajo el sol sin la protección adecuada, las secuelas de una insolación no son tan severas como las que produce el golpe de calor. Cuando se retira al niño de la intensa acción del sol y se le refresca, recupera su estado normal.
Los bebés lactantes y niños de entre dos y cuatro años tienen más riesgo de padecer una insolación porque su sistema de termorregulación corporal es diferente al de los adultos. Son más vulnerables porque su volumen corporal de agua es mayor, lo que significa mayor riesgo de pérdida de agua y de deshidratación. También hay que extremar las medidas de protección con los que tienen la piel más clara.
Cómo actuar ante una insolación
Para reanimarle, retírale del sol y busca una zona de sombra o un lugar más fresco, túmbale boca arriba y desnúdale. Hay que bajar la temperatura corporal con paños de agua tibia y si no ha perdido el conocimiento, ofrecerle agua o bebidas isotónicas en pequeños sorbos. Si pasados 10 o 15 minutos, permanece decaído, confuso o delira, su temperatura corporal sigue siendo elevada y su respiración rápida, es posible que se trate de un golpe de calor. En esta circunstancia, hay que buscar ayuda hospitalaria urgente para evitar complicaciones.


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